Nunca una palabra formada por la unión de letras de otras palabras fue tan usada políticamente. Lo que comenzó como un acrónimo del concepto de menores extranjeros no acompañados se ha convertido en una palabra peyorativa asociada a algo negativo, a algo ofensivo. Tal ha sido su uso en el discurso político y su relevancia en el panorama de enfrentamiento ideológico que la palabra MENA fue candidata a ser palabra del año para la Fundación del Español Urgente del BBVA.
Este asunto de los menores no acompañados se ha convertido en un arma política muy utilizada por todos los partidos políticos, pues todos, a un lado y a otro del arco parlamentario manosean esta cruda realidad para captar votos en su nicho electoral. Es una vergüenza que usen así este drama; lo vemos estos días con el decreto para el reparto de menores inmigrantes pactado por el Gobierno con Junts que ha reavivado el conflicto político y el uso espurio de estos menores para ello; unos como el PSOE para continuar en el poder, a pesar de que sea una total contradicción el defender valores socialistas de acogida y pactar, al mismo tiempo, asuntos migratorios con Junts. Otros como Junts para imponer y hacer valer sus ideas separatistas con el objetivo de ir arañando cada día más competencias al Estado. O como el Vox de Abascal, que a pesar de que sabe perfectamente que la única posibilidad legal de devolver un menor a su país consiste en primer lugar saber el lugar de procedencia y en segundo lugar la reagrupación familiar, con un estudio socioeducativo del menor, otro de la familia, y la voluntad libre y expresa del menor y de su familia, apuesta por su mensaje populista y usa este drama de personas para beneficio estratégico electoral a sabiendas que es imposible toda repatriación de menor no acompañado que no se realice en estas condiciones y por lo tanto será una expulsión ilegal. Y por último los intereses del PP que prefiere mejor hablar de inmigración que de la DANA y justifica de esta manera el pacto de Mazón con Vox para sacar adelante las cuentas regionales y seguir siendo presidente en una región de España que no le puede ni ver y de la que posiblemente se tenga que ir.
En el ámbito que toca vivir su día a día, que es el de la Educación, hay mucho abandono escolar entre los niños tutelados de origen extranjero, porque tienen problemas con la lengua y con el nivel educativo de base. A mucho les cuesta adaptarse y no consiguen integrarse bien en los centros educativos y barrios donde viven, aunque entusiasmo no les falta y afortunadamente hay numerosas historias de éxito a pesar de la falta de conocimiento del español, de un nivel académico limitado, del desarraigo familiar, del aislamiento social una vez que llegan a España y de los duros procesos y trámites legales, en torno a la acogida y tutela que les dificultan su plena integración por la existencia de muchos impedimentos y de demasiadas trabas en el acceso a la documentación. Sin ningún género de duda el acceso a la educación es una de las mayores vías de inclusión y promoción social, la formación es un aspecto elemental a la hora de eliminar la exclusión social, por lo tanto educar en interculturalidad es un deber primordial.

El nivel de exposición a un grave riesgo de exclusión, de desamparo y a caer en manos de mafias que los utilicen para la delincuencia organizada y en redes de tráfico y trata de seres humanos con fines de explotación sexual o laboral valiéndose de su minoría de edad es muy elevado. Pero no se debe generalizar que todos vengan a delinquir, eso sí, el que lo haga y cometa delitos que lo pague. El problema más grave es que a los 18 años estos chicos acaban en la calle; esto provoca un riesgo alto para ellos y para la sociedad por su vulnerabilidad y porque acaban delinquiendo al no haberse integrado ni social ni laboralmente. Y es en esto donde se debería poner el acento y trabajar, en vez de hacerlo en la perversa e interesada discusión acerca de la distribución de los menas por territorios; no se trata de ver cuántos le tocan a cada autonomía, se trata de que España no puede seguir admitiendo inmigrantes ilegales y sus elevados costes económicos sociales de integrarlos. No se trata de aceptar toda la inmigración ilegal para captar votos, no se trata de vender humo con un populismo barato e hipócrita al proponer medidas y acciones imposibles e insostenibles como las que propone Vox. Necesitamos intervenir en las fronteras y en el origen, proponiendo un plan migratorio, con una serie de filtros que vayan dirigidos a la protección de la persona inmigrante, a poner fin a esas mafias que trafican con personas y por supuesto a la defensa de los intereses propios de nuestro país. Los centros de menores están masificados, no están dando una respuesta adecuada al problema y muchos abandonan estos centros echándose a la calle porque no cumplen con sus expectativas de una inserción en el mundo laboral. Es fundamental paralizar el negocio que hay con la inmigración y también con los menores no acompañados y con ese dinero que reciben las entidades organizadoras de gestionar las tutelas, porque esos fondos económicos y esas subvenciones han aumentado a un ritmo vertiginoso.
Es en todo esto en lo que se debería trabajar e ir más allá y dejar a un lado esas medidas y propuestas populistas como las que propone Abascal vociferando que “te los lleves a casa o enviarlos con sus padres y con su rey” y dejar a un lado el uso político del asunto de los menas y por supuesto empezar a trabajar de una forma efectiva en la búsqueda de soluciones al proceso migratorio en el que cada día que pasa es un problema más grave para España.
Antonio de Miguel Antón, responsable de Educación en la asociación Democrática Ciudadana, ADC
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